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miércoles, 10 de febrero de 2021

El Espejo - Poesía



El Espejo


                                                            Mientras la lluvia

como cristales

se encarnaban en el techo,

con mis dedos

acaricio el espejo

cuyo reflejo

alguna vez divisé

entre mis sueños;

o tal vez,

en mis recuerdos.

 

Quise suspirarle un secreto,

atravesar quizás

al otro lado,

abrazarme en mis brazos,

 

pero hubo un instante

en que todos los rostros

que han estado brotando de las paredes

inclinaron sus ojos ante mí,

 

y me convertí

en un espejo;

cuyo piélago

de vítreo líquido

fue capaz de reflejar

el océano abisal

que hay tras el velo

de mi lúcida muerte.

 

Entonces se destejió mi mente

hasta convertirse en embrión,

que, como crisálida su perpetua corola;

es ahora,

el bucle de un sueño astral.

 

Mi piel como

una límpida lámina transparente

cuyo pliegue

orla cada esquina

en esta habitación,

es el nuevo cristal

donde cada secreto

empaña y se impregna

en el cuásar de mi pecho.

 

Cada noche

en que aquella mirada de Eidolón

traspasaba mi lluviosa ventana;

nunca me detuve en el hecho de examinar

que finalmente sería yo mismo quien,

con mis ojos volteados hacia adentro,

iluminaba con fantasmagórica lumbre

cada espacio dentro de mis lúgubres sueños.

 

En definitiva, reconozco

el contorno

de mi cuerpo

como el reflejo

perfecto

de un ovalado espejo;

cuya mente tridimensional

siempre anheló

la fibra y la materia

en la que se entrelaza

la llamada: “carne humana”.


¿Acaso mi sustancia no fue suficiente?

¿acaso las imágenes en mí proyectadas?

¿no fueron los recuerdos de mi infancia?


No soy más que el portal

a la energía inmortal,

el lazo entre Hipnos y Tánatos,

la semilla secreta del universo

cuya vanidosa planicie

es el ojo fantasmal

entre una dimensión y otra.

 

Sólo quise ser el rostro,

la figura,

la forma,

pero nunca imaginé

ser yo quien

observaba desde dentro

hacia afuera. 


Escrito por Sebastián Oyanedel Davison

 

Me llevas dentro - Poesía




Me llevas Dentro


Buenos días

amante de mis pesadillas.




Ven a quedarte conmigo esta vez,

mi cariñosa blasfemia

en un arranque

de labios nicotínicos,

ojos de húmedo lívido.



Ven a terminar conmigo

el réquiem de Mozart

para la música

de nuestro encuentro.



El derrame de nuestros corazones

como una inquisición de brujas,

amante venenosa



con un vestido de funeral

para lucir.



Siento la muerte

tan amistosa

en la mordida carnal

de nuestros besos,



estoy detrás de tu alma de agua

apretándote las entrañas,

lamiéndote la locura,

escribiendo

sobre el muslo de tu pierna,

rozando el clítoris

con el lápiz;



el evangelio

de nuestros demonios

que habitan en nuestra mente.



Soy todo lo que quieras que sea,

porque me llevas dentro,

en tus días de coñac,

en el vacío al que llaman hogar.



Soy todo lo que piensas:

tu mentirosa soberbia,

mis uñas en tus piernas.



Soy todo lo que llevas dentro

para enfermar

los conductos y los fluidos,



esa extraña sensación de extrañar.



Ven a pecar conmigo,

a cubrir de pestañas

nuestra desnudez

y cánones de belleza irracional.



Mi voz dentro de tu oído

como un demonio rezando

sobre la corteza cerebral,

con gestos de ninfomanía;

es una transgresión

a los estándares normales

de extrañar.



Esa extraña sensación de olvidar

y asesinarte dentro de la sangre

y los pulmones.



Esa extraña sensación de extrañar;

muta y se expande

sin ninguna funcionalidad

mas que la de comerse los tejidos,



así como el sazón del tabaco y la cerveza

se carcome la saliva

y la música se devora

lo que se quiere olvidar.



El deseo y el temor

son sensaciones de búsqueda,

indecisión subliminal

de encontrar tonterías.



Tu lengua en sepia,

dedos alcoholizados,

moda de la fealdad,

teatro de los ciegos.



¿A quién quieres engañar?
con las esquinas de tu sonrisa;
no son para mí 
mas que una linda hipocresía.



Nos mentimos cada vez

para bebernos el hambre

y ser más superficial.



Soy todo lo que quieras que sea;

corrompiéndote,

mojándote,

la alegría de perder la dignidad.




Escrito por Sebastián Oyanedel Davison

martes, 26 de enero de 2021

Ella tiene una sucia mente que me obsesiona





Ella tiene una sucia mente que me obsesiona


Ella debió haber sido un demonio
caído de la luna,
con su cuerpo cósmico entre mis uñas.


Ella tiene una manera de mentir
adictiva,
con su carne entre mis dientes,


Ella debió haber sido un ángel arrastrándose de rodillas
en mi infierno;
sometida.


Nuestro encuentro sideral,
y el roce insano de sus labios.


Ella tiene una sucia mente que me obsesiona
nos vamos a violar disimuladamente;
bajo árboles siameses,
ardiendo en tabaco.


Te voy a morder las caderas
y te voy a morder esos ojos de Otoño
bailando entre cisnes diabólicos.


Tu cabello tiene ahora el sabor ardiente del sol,
hay algo en tu mente que me distorsiona
y me enferma.


Ella tiene olor a lluvia de verano,
mientras se fuma las hojas del otoño.


Hay algo en los matices de su voz
que me perturba,


hay humo alrededor de su boca que quiero aspirar;
su mente me obsesiona.


La manera en que respiras,
la forma de tu cuello,
el miedo que intenta disimular,
el narcicismo de su rostro,


Estás tan sucia que te voy a lamer,
y te voy a tragar,
y me voy drogar con tu alma.


Te voy a morder esa lengua animal,
me voy a comer tus pestañas,
y te voy abrazar hasta quemarte todas las moléculas,


soy una nueva mentira para ti.


Escrito por Sebastián Oyanedel Davison

lunes, 11 de enero de 2021

Transfiguración - Poesía

 





Transfiguración 



Si me tragara toda tu sangre 
a la luz de un lubricán 
de cariz infernal; 
solaz y transmutador ardor 
rasmillaría mi garganta, 


conjurando tu voz 
dentro de mis sueños; 
circadiano espíritu sonoro, 
oscilando entre los alvéolos 
de un otoño rojo, 
sería quizás, 
la más sobrenatural invocación; 
que, por cada átomo, 
mi lengua en Rigor Mortis 
trascendiendo más allá 
de un viaje astral, 
buscando el lóbulo de tu oído 
para poder entrar. 


¡Qué mágica ternura es ésta! 
besando sus felinos ojos 
bajo una lluvia de cianuro, 
amarrándote el cuello con mi lengua; 
tan estirada 
como una cinta cinematográfica, 
hojeando cada fotografía 
donde pueda encontrar 
sus lágrimas de ámbar, 


porque hincar mis dientes en su alma 
es lo que anhelo, 
lo deseo tan desquiciadamente; 
con tal brillo e intensidad 
como la luz que brota de las neuronas 
al nacer y al morir, 


y es que sus mentiras 
tienen el dulzor 
de una sinfonía sagrada, 
la curvatura de sus pechos 
parecen tener el cálculo simétrico 
de una geometría metafísica; 
que ni la ciencia más arcana 
podría descifrar, 
como uróboros 
enroscándome tras ellos, 
descubriendo el principio del fin, 
y en sus labios el portal 
a este saturnino ritual. 


La oscuridad florece en su mente 
como el éter 
en el fogoso crepúsculo 
de ese horizonte 
de carne y espíritu. 


Vamos moldeando el tiempo 
a nuestro antojo 
con la melodía y sincronía 
de un funéreo vals 
que hay entre tu lengua y la mía, 
salivando las partículas 
de un dios efímero, 
colindando con la celosa materia 
de una sabrosa textura, 
con veraniega locura 
de crisálidos recuerdos 
empapados en ajenjo. 


Quiero oír tu corazón fantasma 
como música eterna, 
comer de las uvas 
de tus senos perfilados 
de un extremo a otro 
en el universo; 
entreviendo hacia el exterior 
como si fueran persianas 
tus costillas. 


No quisiera desapegarme 
de esta irrealidad, 
de mi catatonia boreal, 
imaginar el calor de sus pestañas 
sobre mi entrepierna, 
mientras mis muslos orlan 
sus oídos magnéticos 
como los aros de la Vesica Piscis. 


¡Muéstrame los dientes! 
ese umbral 
de pieles esclavas, 
mientras su espíritu 
como incienso 
se esparce entre los canales 
del karma; 
mi glande amortajado 
en su epicúrea vendimia bucal, 
abriendo nuestra glándula pineal, 
palpando la proximidad 
de los elementos. 


Estás aquí 
para darle muerte al cielo 
y a todas las cosas terrenales; 
con tu boca congregada 
de labios y zonas erógenas, 
con tu ciencia profana 
de lúcidos sueños, 
balanceando la materia oculta 
que hay dentro de cada uno. 

¿Cuántos ojos habrán descubierto 
su soledad? 

¿Cuántas mentes habrán 
compartido sus pensamientos con ella? 
entre los plateados hilos 
de una Senoi transfiguración. 


La punta de su lengua 
fue contorneando mi castillo de carne 
hasta la umbra 
de una galaxia siamesa, 
su serpenteante cintura 
desdibujaba las moléculas 
de un albor desangrado; 
su dorada mirada 
resplandecía 
como el tesoro 
de una playa caribeña 
con la teoría 
de una estética inmaculada, 


mis uñas afiladas 
se encarnaban 
en sus glúteos jupiterianos 
en lívida proporción áurea; 
como las dos esferas 
de una dimensión paralela, 
bajo el dosel de sus venas; 
vislumbraba entonces, 
los despiadados 
halos de la luna. 


Opalinos iris de coral 
son sus jadeantes pechos 
de diamantes luciferinos; 
contiguas esmeraldas 
de amatista conjunción atemporal, 
que de rodillas lamo 
sus lactadas colinas 
de lozana impureza vinícola; 
cuya anatomía Nictante 
voy desmembrando sus escamas 
hasta transfigurar 
su imagen desdoblada. 


Sus pestañas en umbela 
se ramifican 
entre las mías; 
como las venas 
de una hoja anciana 
cuyo nácar en los párpados 
nos desvelan en el ensueño 
de esta noche propólea 
a través de estos besos inmortales.


Escrito por Sebastián Oyanedel Davison

miércoles, 6 de enero de 2021

Espérame en el Metro - Poesía






Espérame en el Metro



Sentados en el piso del metro

o volteando la taza de café

sobre la cama;

de cualquier modo

el calor que me transmites

parece ser anormal




como en una cascada de cigarros

iluminando el contorno de tu cuerpo;


al lenguaje de tu sangre,




muerde mi lengua caliente

con el café sin azúcar,

con el whisky ahí en los muslos;

deletréame ese olor




enséñame

lo que significa la soledad




eres como la música de un bar;

entre copas ninfómanas,




esa lluvia de tabaco


en la que te como los labios,

es como tragarme tu mente 

con sus perversiones




espérame en el metro;

con tu sabor a lluvia




en ese estado demencial

de fluidos diabólicos,

siéntate sobre mí y descríbeme


tu humedad 




en el suelo a un costado de la cama;

en el país de tu carne

y nuestras mentiras sabrosas,




quiero que me abras la piel


como una serpiente




juguemos a la nostalgia,


descubramos lo solos que estamos.



Escrito por Sebastián Oyanedel Davison

Dormir Escuchándote - Poesía





Dormir Escuchándote



Aquí abrazados a la orilla del atardecer

en un beso parecido a la muerte;

atormentados de tanta incertidumbre,



mirándote,

sonriéndote,

desvelándome,

corrompiéndote.



Aquí abrazados de tanto miedo y placer;

quisiera que este momento no terminara nunca,

tú viéndome escribir

y yo mirándote de reojo.



Quiero agradecer cada minuto de tu respiración,

cada hermosa duda,

cada angustia en el pecho que me has regalado;

en este amor tan omnipresente y sagrado,

y todas las mentiras que hemos convertido en música.



Ahora ¿Cómo se supera esto?

deberíamos saberlo de alguna forma,

pareciera que volviese a ser un niño.



Quiero sólo comerme el olor de tu piel,

morderte las venas,

distorsionar tu dimensión,

y alterar nuestra cordura



¿Me invitas a ese lugar?

llévame a tu luna,

hazme incompleto;

quiero aprender de ti,



quiero dormir escuchándote,

y hacer de cuentas que esto no se termina,


¿Me acuestas?

tengo un par de palabras que quisiera decirte,

y sólo las insinuaré


Ese será nuestro lenguaje,

mi boca está hecha para la tuya

pero qué difícil es probarla.



Cada vez que estoy a solas contigo,

me siento

libre y confundido,

alegre y molesto,

infinitamente nervioso;

por eso quisiera que este momento no terminara,

este momento de locura,

aquí abrazados a la orilla de la cama.


Tú eres mi hogar,

mi amanecer,

mi sangre hirviendo,

mi descontrol,

y todo lo insano que pueda conocer.


Tu mirada dentro de mí,

la humedad de tu boca,

todo aquello

es parte de mi locura


¿Quieres ser parte de ella?


Escrito por Sebastián Oyanedel Davison

jueves, 31 de diciembre de 2020

Sus Ojos en Sepia - Poesía





Sus ojos en sepia


Y esas polillas, lagartos y gusanos que tenía atascado en el esófago

terminaron por comerse lo poco y nada de cordura que me quedaba;

haciendo gárgaras con mis tejidos.


Sus ojos en sepia

como la lluvia de otoño

me arden en la médula.



Quiero comerte el universo

que hay dentro de ti.


Puedo respirar tu miedo

rasguñándote los huesos,

hay algo subliminal en tus palabras,

algo enfermizo en el color de tu voz,

algo tan pervertido en la simetría de tu rostro;

haces de mi mente

una orgía de vírgenes. 


Follarme las neuronas,

eso fue lo más suave;

dentro de esta catatonia,


Levántame del coma

y vuelve ahogarme,

dentro de ti,

de tus costillas,

de tu sangre,

de tu infamia,

de tu ego.


El caos puede ser un lugar agradable para vivir,

abre tu pecho;

hazme sentir en mi hogar,

abre la boca;


elévame.


Vamos a arrepentirnos de todo esto.


Escrito por Sebastián Oyanedel Davison


lunes, 21 de diciembre de 2020

Te Lamería hasta las Palabras - Poesía

 





Te Lamería hasta las Palabras


Es tal el ardor de esta incongruencia cósmica
en la eventual paradoja superficial
de tal condolencia inverosímil, catatónica,
que produce aquella reacción arbitraria y omnipresente
en una serie de eventos químicos
dentro de la carne y los fluidos,
asimismo en la humedad de mi áspera boca;
entremedio de tanta nicotina inversa
y líbidamente ninfómana
que se me secaron hasta las mentiras,

entre tantos labios narcisos, 
me disocio para palpar aquella materia invisible
que expele el crúor de tu aliento
enviciado a tus dientes:
altaneros, indeseablemente adictivos
como en un cementerio de pestañas
entre tántricos extremos
con cada rasguño líquido
que desprende tu egolatría
de carne subversiva
como diabólicamente besándote la mente,
cada espacio insano,
impuro y masoquista

y si fuese por tal efecto
de lo escudriñable y atemporal;
de dicho estado anémico 
en el que nos predisponemos
a exponer nuestra ansia,
[¿o solo la mía?]
y es tal la sensación caótica
que provocas en mí,
que esta dicotomía medieval
de un silencio clitoriano,
me desmenuza y desmiembra 
cada cimiento boreal

¿Será acaso, entonces,
que te deseo con todas las venas de mi cuerpo?
con toda mi soledad
y todo mi miedo,

sin conjugar apenas todos mis nervios
en aquella sincronía andrógina
de este desbalance ambivalente.

Tanto cigarro rancio
y café de madrugada,
olor a alcohol en los vasos;
piel apretada
y ventanas manchadas.

Podría hasta lamerte las palabras,
aunque tragara vidrio (?) 
junto a ese diablo sonrojado y sodomizado
en un aperitivo de mi carne mojada
para tu vendimia de sangre.

Mastícame las uñas 
y evidencia lo ignorante que soy;
hazme sentir vergüenza

¿sabría acaso reconocer,
el whisky que hay en tu boca?


Escrito por Sebastián Oyanedel Davison


domingo, 13 de diciembre de 2020

Ansío - Poesía

 



Ansío

En una orgía de vírgenes
catatónicamente ambigua;
reconozco tus labios indecentes, rancios y mordidos,
como metidos por ahí entre las vísceras
Soy la carne dentro de tu piel,
y los lagrimales que refriegas

Diáfano rostro inconcluso
de pura soberbia,
con un dragón fumando a mi lado

Eso es lo que tengo metido dentro de las costillas:
un coro de lobos narcisos,
impíos y sexuales
¿Te beso los dedos?
quiero que sientas la temperatura y la humedad
que puede alcanzar mi soledad
a ver si esa necesidad de falsedad
que tenemos incrustada en la boca
nos la pudiéramos lamer

¿Me puedo sentar a los pies de la cama?
quiero ver las arrugas que tienen
las esquinas de tus pómulos

Un mar de dientes quebrados
es lo que tengo en la garganta,
un violín desafinado, descuartizado
mutilado, violado, desangrado, vomitado,
intoxicado, enterrado, desenterrado, escupido,
afeitado, rasurado, eyaculado, inseminado, incinerado,
reventado, adormecido, acariciado,
el contacto de una mente y otra …

¿Cuál será la forma que torna una lágrima cuando
se revienta en el suelo?
Podría lamer cada movimiento que efectúa tu boca
al sonreír
pero la soledad nos ha vuelto tan reales,

Acuéstame entre tus piernas
y léeme alguno de los versículos
de la biblia de nuestras mentiras,
los protocolos de la hipocresía;

Ansío
las pinturas que tienen tus ojos,
la música que tiene tu mente,
el caos que hay dentro de tu cuerpo;
todo eso ansío.

Escrito por Sebastián Oyanedel Davison

sábado, 12 de diciembre de 2020

Soledad - Poesía

 


Soledad


Entre pedazos de carne
y gargantas ambiguas;
mi lengua desdibujada
lamiendo vagones de necrofilia
con los nervios carcomidos
y ansiosos de lobotomía.
Me refriego el alma en la boca
a ver si le encuentro algún sabor…
tragándome los sueños;
de dientes caídos, 
y dedos necróticos
ahogándome en este acuario de dientes;
de paz digital,
y uñas carnívoras

Mi soledad necesaria y ventrílocua;
de fotografías,
de saliva,
de encías, 
de putas porquerías,
de arritmia,
de vidas,
mi cerebro rezurcido 
entre tus colmillos
con mi sombra entre los pasillos
yo contigo;
yo conmigo 
- el reputo -
el triciclo,
vomito la libido,
me veo entre tus tejidos,
le escupo a mis latidos,
te envidio,
te despido,
te sigo...
aquí... en la náusea,
en la boca del universo;
con mis huesos entre las larvas
y mi lengua fantasma
alcanza tu oído...
soy tu espejo.

Escrito por Sebastián Oyanedel Davison.

sábado, 10 de agosto de 2019

Mentes Siamesas - Poesía



Con diabólica poesía
un insano pensamiento perforó
hasta la más arcana de mis neuronas

Con vulgar deleite
examiné cada detalle
de tal deseo caribeño;
en verme
ensangrentado entre tus dientes
al crúor arrebol de tus labios,
e hilvanándome el cabello con tus dedos
ofreciendo mi cuello a sacrificio
para conmemorar el pacto vendímico
que nuestras dentaduras juraron
bajo la prosa de Le Fanu
cuyas palabras de infamia
matizaban el ámbar
en las hojas de nuestro último otoño castaño,

Entre tus muslos verme
inclinado ante tu reino de opio vampírico
y tu lengua de Sade
llevándome
a nuevas dimensiones;
a través
de tu marea trópica
con mi sangre evaporándose
hasta tus ojos de Asderel

Si me contaras cómo te desvestías
bajo los paisajes más lúbricos de la luna
mi imaginación no tendría propósito

Imaginar mi boca
con perpetua catatonia;
taxidérmica y rezurcida
explorando la blancura
de tus dientes de nórdica Ligeia 

En mí resuena esa perturbadora
pronunciación demoniaca de tu nombre
como si tus uñas rasgaran
mi pizarra de carne,
en mí se incrusta
la psicofonía divina
del contacto de tu saliva;
cómo has profanado mi mente
con música eterna
y erótica poesía

Con ódica sinastría 
Tu lengua y la mía
en tu aquelarre babel
que con licántropa selenofilia
a tu mirada árabe
atraes mi sangre
como marea a tu satélite

En tántrica simetría
nuestras mentes siamesas;
son quizá,
un interminable puente
hacia nuevas vidas.


Escrito por Sebastián Oyanedel Davison - 2019